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Resident Evil (2026): la película que por fin entiende cómo se siente jugar a la saga (reseña sin spoilers).

hace 6 horas
3 min de lectura

El pasado miércoles 16 de septiembre, desde GAMOTAKU tuvimos la oportunidad de asistir invitados al pase de prensa organizado por Sony Pictures España de la nueva película de Resident Evil. Y, después de verla, puedo decir que estamos ante una de esas adaptaciones que entiende que trasladar un videojuego al cine no consiste únicamente en reproducir personajes, escenarios o acontecimientos conocidos.



Llevar Resident Evil al cine nunca ha sido sencillo. La franquicia ha pasado ya por suficientes adaptaciones como para demostrar que incluir zombis, Umbrella y algún que otro nombre conocido no basta para trasladar aquello que hace especiales a los videojuegos. Zach Cregger parece haber entendido precisamente eso y, en lugar de intentar adaptar una vez más una historia que ya conocemos, toma una decisión mucho más interesante: contar qué le ocurriría a una persona cualquiera si tuviera la mala suerte de encontrarse en Raccoon City durante una de sus peores noches.


Resident Evil (2026)

Ese pobre desgraciado es Bryan (Austin Abrams), un repartidor médico completamente ajeno a todo lo que está a punto de suceder. No estamos ante Leon, Jill, Claire o Chris, ni la película pretende sustituirlos por una versión alternativa. Cregger ya había dejado claro que su historia sucede en los márgenes de los acontecimientos de Resident Evil 2 y que prefería explorar este universo desde los ojos de alguien corriente antes que volver a narrar una historia que los propios videojuegos ya cuentan perfectamente.


Y es precisamente ahí donde, para mí, esta nueva Resident Evil encuentra una de sus mayores virtudes.


Resident Evil (2026)

Bryan no es un policía especialmente preparado, un miembro de S.T.A.R.S. ni un experto capaz de enfrentarse sin pestañear a cualquier criatura que aparezca ante él. Es un tipo normal metido en el peor lugar posible en el peor momento posible, y acompañarlo mientras Raccoon City se convierte progresivamente en un auténtico infierno hace que la película consiga transmitir algo que las anteriores adaptaciones pocas veces habían logrado: la sensación de estar dentro de un videojuego de Resident Evil.


No porque copie literalmente sus escenas, sino por cómo avanza la trama. Cregger planteó la cinta como un viaje constante de un punto a otro, atravesando nuevos escenarios mientras las amenazas aumentan y la situación se vuelve cada vez más disparatada. Y en pantalla eso se traduce en una película tremendamente frenética, con muy pocos momentos para recuperar el aliento. Cuando parece que la situación no puede complicarse mucho más, aparece un nuevo problema.


Pero ese ritmo no convierte la película simplemente en una sucesión de escenas de acción.



El gore está muy presente, como cabría esperar de una adaptación de Resident Evil, pero creo que está utilizado con bastante más cabeza de lo que podría parecer. La película no necesita convertir cada escena en una competición por comprobar hasta dónde puede llegar con la sangre: sabe cuándo mostrarla, cuándo exagerarla y, sobre todo, cuándo utilizarla para potenciar determinados momentos.


Algo similar ocurre con la comedia, probablemente uno de los elementos que más fácilmente podrían haber roto el conjunto. Sin embargo, está sorprendentemente bien integrada. Hay humor y situaciones deliberadamente absurdas, pero en ningún momento tuve la sensación de que la película se estuviera riendo de Resident Evil. Al contrario: entiende perfectamente que dentro de este universo pueden convivir el terror, la violencia, lo grotesco y cierta dosis de extravagancia sin que ninguno de esos elementos tenga que anular al resto.


Y quizás esa sea la clave de todo.


Resident Evil (2026)

Esta película no intenta demostrar cuánto conoce Resident Evil colocando referencias constantemente delante de la cámara. Naturalmente, los seguidores encontrarán elementos reconocibles (el propio Cregger ha confirmado que introdujo objetos, armas y numerosos detalles procedentes directamente de los videojuegos), pero su mayor homenaje está en otro lugar: en intentar reproducir las sensaciones que estos provocan.


Explorar un nuevo lugar sin saber qué espera dentro. Pasar de un peligro a otro. Ver cómo la situación continúa escalando. Sobrevivir como buenamente se puede mientras el protagonista deja de ser simplemente un repartidor que estaba haciendo su trabajo para convertirse, casi sin darse cuenta, en el jugador que trata de llegar vivo hasta el siguiente punto.



Después de tantos intentos de trasladar la franquicia a la gran pantalla, Zach Cregger ha encontrado una respuesta sorprendentemente sencilla: una película de Resident Evil no necesita contar la historia de Leon, Claire, Jill o Chris para sentirse como Resident Evil.


Necesita entender qué se siente al jugarlo.


Y esta lo entiende.


Para mí, estamos ante la mejor película de Resident Evil hasta la fecha.


Resident Evil (2026)


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