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Historia de God of War: Origen de Kratos.

Actualizado: 16 feb 2021


Kratos y su hermano Deimos

 

Nacido en la ciudad-estado de Esparta, Kratos es el semidios vástago de Zeus y la mortal Calisto, pero durante casi toda su vida se le negó esta verdad. Como ocurre en incontables mitos griegos, cuando Zeus concebía un hijo no legítimo, Hera ordenaba la ejecución del recién nacido, sin embargo, en esta ocasión el Rey de los Dioses salvó al muchacho y lo escondió en Esparta para ser criado secretamente por Calisto.

Kratos, como otro cualquier muchacho de su edad, fue entrenado en combate por las autoridades espartanas. Ya diestro y fiero desde temprana edad, entrenaba junto a su hermano Deimos, mientras ambos soñaban con unirse al glorioso ejército espartano. Por esta misma época, Zeus empezó a escuchar rumores sobre una profecía que rezaba su derrota a manos de uno de sus vástagos, un guerrero marcado sediento de venganza. Con la esperanza de detener el ciclo de parricidio antes de que fuera demasiado tarde, Zeus envió a Ares y Atenea para buscar y traerle a aquel que un día se alzaría contra él. Ares, al descubrir las marcas de nacimiento de Deimos, invadió Esparta con un ejército de centauros y llevó al muchacho junto a Tánatos, el Dios de la Muerte. Kratos trató de salvar a su hermano, pero Ares le arrojó contra una pila de leña, desfigurando su rostro con una cicatriz.


Deimos encadenado por Tánatos

 

Ofendido por el desafío del mortal, Ares quiso matar al joven espartano, pero Atenea lo detuvo. La diosa le recordó por qué habían venido y que ya tenían su premio, y tras disculparse con Kratos desapareció entre las llamas. La pérdida de su hermano dejó una increíble marca en Kratos; una marca que le hizo jurarse a sí mismo no volver a flaquear. En honor a Deimos, se tatuó sus marcas de nacimiento. Sin embargo, olvidaría que fueron Ares y Atenea quienes le arrebataron a Deimos, un recuerdo que solo volvería tras la muerte del Dios de la Guerra.


Tras unos años, Kratos se convertiría en un miembro respetado del ejercito espartano, y también contraría matrimonio con Lysandra, junto a la cual engendraría a su hija Calíope.


Lysandra y Calíope junto a Kratos

 


Búsqueda de la Ambrosía y ascenso a capitán

Poco después de su nacimiento, Calíope contrajo la plaga, provocando que las autoridades espartanas la consideraran débil. La ley requería que fuera arrojada al abismo para morir. Determinado a salvar a su hija, Kratos emprendió un viaje para encontrar la ambrosía tras haber escuchado a un anciano hablar sobre sus asombrosas propiedades curativas. Pero sin el conocimiento de Kratos, Ares le había elegido a él para ser su campeón en una apuesta entre olímpicos, una competición cuyo premio para el adalid sería la codiciada ambrosía; mientras el dios ganador lograría que erigieran estatuas suyas por toda Grecia. Un batallón de espartanos acompañó a Kratos en su misión, entre los cuales se incluían el Capitán Nikos. Durante su camino, hallaría a un curandero que le otorgaría las Llamas de Apolo.


Kratos acabaría encontrándose con el campeón de Poseidón, Herodius, matándolo en el proceso; entretanto sus espartanos derrotaban al ejército rival y robaban su barco. Furioso porque Kratos le había costado la apuesta, Poseidón invocó la furia de mil tormentas para destruirlo, pero fracasó. Más tarde Kratos daría con la campeona de Artemisa, Pothia, y a ella también la mataría; no obstante, Artemisa no tomó represalias. Temiendo que Kratos también derrotara a su campeón, Alrik, el Rey Bárbaro, Hades envió un torrente de fuego desde los cielos. No logró destruir al espartano, pero sí con muchos de sus hombres, entre ellos el Capitán Niko. Cuando encontró la Ambrosía, Kratos se las vio con Cereyón, el campeón de Helios, quien como los demás acabó muerto.


En el final camino, Alrik y sus bárbaros lucharon contra los espartanos por la ambrosía. Después de una cruda batalla entre los dos líderes, Kratos logró hacerse con la esencia de los dioses a costa de sus propios hombres, e invocó un ejército de rochos para torturar a Alrik. Kratos regresó a victoriosa Esparta y curó a Calíope, obteniendo el rango de capitán del Rey de Esparta.


Extracto de la serie de cómics donde Kratos encuentra la ambrosía

 

En algún punto después de haberse convertido en capitán, Kratos entrenaría a un joven soldado llamado Atreus, cuyo optimismo le hacía ver la esperanza incluso en los momentos más oscuros. El día que Atreus murió en combate lo hizo con valor y salvando a sus compañeros. Afligido por su marcha, el espartano llevó el cuerpo de Atreus a casa y lo enterró personalmente con todos los honores, recordándolo como el único hombre capaz de hacerle sonreír incluso en la batalla.



El nacimiento del fantasma


Como general, Kratos ganó batallas a través de tácticas brutales pero efectivas. Su orgullo y su hambre de poder crecían con cada victoria. A pesar de las súplicas de Lysandra, Kratos continuó con su sangriento cometido, y no cesaría hasta que el mundo entero conociera la gloria de Esparta.


Kratos y su ejército pronto encontrarían a quienes les pudieran igualar en batalla: unos bárbaros sin piedad del este comandados por su viejo enemigo, Aldrik. Superados en número y poder, los espartanos se vieron abocados a la derrota al final de la batalla, y Kratos quedó a merced de Alrik el Rey Bárbaro, quien había jurado venganza contra el espartano por la muerte de su padre; pues necesitaba la ambrosía para salvarle. Desesperado, Kratos pidió ayuda a Ares, al que juró lealtad a cambió de servidumbre. Ares aceptó la oferta y mató a todos los bárbaros, entre ellos Alrik, y le concedió a Kratos las espadas del caos como símbolo de esclavitud.


Por un tiempo Kratos sirvió a Ares con lealtad, arrasando pueblos, masacrando inocentes y esparciendo el caos en su nombre. Bajo la influencia del Dios de la Guerra, empezó a perder todo atisbo de humanidad. Un día, durante el asedio a un poblado de seguidores de Atenea, Ares transportó en secreto a Lysandra y Calíope a un templo cercano. Ignorando los avisos del oráculo de la villa, Kratos entró en el templo y mató a todos en su interior en un brote de rabia ciega y psicótica, incluidas a su esposa y a su hija (a las que creía todavía en Esparta). Atormentado por los actos que había cometido, Kratos dejó a los cuerpos de sus seres queridos arder junto al templo, renunciando a su pacto con el Dios de la Guerra. El oráculo maldeciría entonces a Kratos, condenándole a llevar las cenizas de su familia muerta en su piel.



Kratos recibiendo las cenizas

 

Desde ese día, Kratos sería conocido como el Fantasma de Esparta. Sus crueles acciones fueron de sobra manifiestas, y ese le ganó el repudio de muchos, hasta el punto de que preferían morir antes de ser salvados por él.





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