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Historia de God of War: Chains of Olympus.



Buscando acabar con las pesadillas que lo atormentaban tras la muerte de Orkos, Kratos se postró ante los dioses, quienes le prometieron librarle de aquellas terribles visiones a cambio de servidumbre. Diez largos años les sirvió con honor, y aunque su verdadera leyenda solo comenzaría tras derrocar al Dios de la Guerra, hay una historia más que contar.


LAS COSTAS DE ÁTICA


Como campeón de los olímpicos, Kratos fue enviado a las costas de Ática para detener una incipiente invasión persa. Pero no iba a ser una tarea sencilla, pues un descomunal basilisco surgió en alianza con los persas y se dispuso a destruir todo cuanto veía. El fantasma de Esparta enfrentó a la vil criatura ferozmente, sin embargo, escapó antes de que pudiera darle muerte.


Kratos luchando contra el basilisco

Siguiendo la pista del basilisco, Kratos se topó por azares del destino con el mismísimo Rey de Persia. El malévolo conquistador ansiaba fervientemente purgar Grecia gracias al basilisco, para convertirse en su nuevo amo y señor. Tras un duro enfrentamiento, donde ambos contendientes demostraron ser guerreros temibles, Kratos le arrebató la vida al Rey, obteniendo un inusual poder procedente de las tierras persas: el Genio. Así como todos aquellos que alguna vez se enfrentaron a él, la repulsiva mascota del monarca persa siguió el funesto destino de su amo: una muerte sangrienta a manos del infame Fantasma de Esparta.


LA CAÍDA DEL SOL


La derrota del basilisco no fue suficiente para el sediento espartano, y en su ansia de guerra reclamó a los dioses otra tarea. Entonces lo vio.


El sol cayó contra la tierra, precipitando al mundo a la oscuridad. Kratos, contrariado, viajó hasta el lugar de impacto, cerca de Maratón. Al llegar encontró a la ciudad consumida por una densa niebla, y en ella, el Carro de Helios, Dios del Sol. Tras escalarlo, Atenea se manifestó ante él a través de una de sus estatuas y le reveló que Morfeo había lanzado su manto somnoliento y esta sumiendo a los dioses en un profundo sueño. Si un sol que iluminara, Morfeo no conocía límites. Así pues, a Kratos le fue encomendada una nueva misión: devolver el sol al cielo. Guiado por Atenea, se adentró en el Templo de Helios, construido sobre su carro, y tras un breve camino conoció a Eos, que le hizo saber que su hermano, Helios, había sido secuestrado por el titán Atlas. Para encontrar al dios cautivo, Kratos despertó a los caballos de fuego, que irían de regreso a su amo.


Templo de Helios

EN LAS PROFUNDIDADES DEL HADES


Antes de alcanzar su destino, los caballos atravesaron la niebla de Morfeo, provocando que Kratos soñara con su fallecida hija, Calíope. Al despertar, se encontraba en el Hades, una tierra mítica nunca antes pisada por un mortal en vida. Y en el horizonte, el Fantasma de Esparta pudo atisbar la luz del sol. Si quería alcanzarla, debía convencer a Caronte para que le diera paso libre, pero el viejo barquero no estaba por la labor. Tras un corto combate, Caronte derrotó a Kratos y lo arrojó a un abismo. Cuando volvió en sí, el espartano estaba encadenado, sin embargo, no le fue difícil librarse de los grilletes. Ahí fue fue cuando lo descubrió, había sido enviado al Tártaro. Buscando una salida, se hizo con el Guantelete de Zeus y conoció a los titanes, entre ellos Hiperión, que antaño perdieron una guerra contra los olímpicos y Zeus, como castigo, los había encerrado en esta eterna prisión. Kratos también contempló las cadenas rotas de Atlas, y tal visión les suscitaba una gran pregunta: ¿Quién habría sido?


Kratos en el Hades

REENCUENTRO


Kratos se adentró a las profundidades del Hades. Allí, atacado por extrañas visiones, vio a una vez más a Calíope. Kratos le siguió el rastro a la pequeña y, finalmente, se topó con Perséfone, esposa de Hades y reina del Inframundo. Perséfone le ofreció la oportunidad de expiar todos sus pecados para descansar en paz junto a su hija. Kratos cedió y perdió sus poderes a cambio de estar en los Campos Elíseos. Al fin, tras tantas penurias, batallas y locura, pudo abrazar de nuevo a Calíope, pero Perséfone tenía otros planes. Ella, desde el principio, había sido la verdadera artífice del plan para liberar a Atlas y que este, con los poderes del sol en sus manos, destruyera el enorme pilar que sostiene la tierra, y así acabar con el Olimpo de una vez por todas; mientras los dioses dormían por la niebla de Morfeo. Kratos en ese instante comprendió su error y decidió, a pesar del dolor, separarse de su hija y recobrar sus poderes como solo él sabía: masacrando inocentes para convertirse una vez más en el Fantasma de Esparta.


Perséfone, la reina del Inframundo

LA CAÍDA DE UN TITÁN


Perséfone voló hasta el gran pilar que Atlas destruía, pero Kratos logró agarrarse a ella para llegar al titán. Luego de una encarnizada lucha contra la reina del inframundo, Atlas entró en batalla tratando de aplastar a Kratos. El poderoso espartano, sin embargo, encadenó los poderosos brazos del titán y así volver a su lucha contra Perséfone. La batalla fue dura, cruel y encarnizada, pero al final Kratos pudo derrotarla con el Guantelete de Zeus. Antes de marcharse victorioso, Atlas le advirtió que jamás recibiría ayuda de los olímpicos. El Fantasma de Esparta, no obstante, juró que les serviría fielmente.


Atlas por siempre sostendría el mundo sobre sus hombros, un castigo peor que el que Zeus impuso sobre los demás titanes. Así es como Kratos retornó el sol al cielo y disipó la niebla de Morfeo. Finalmente, se lanzó del carruaje de Helios, quedando inconsciente sobre la montaña más alta de toda Grecia, mientras dos dioses, Atenea y Helios, le arrebataban el Escudo y el Guantelete. Kratos pagó un alto precio, incluso para el Fantasma de Esparta.

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