Hablemos de... Goodbye Eri: el abnegado director y su magnum opus.
- THELONIOUS FOLK

- 30 abr
- 7 Min. de lectura

Los que vivimos en el mundillo ya conocemos a Tatsuki Fujimoto y su tan extravagante manera de contar / definir sus historias que salen a la luz dispuestas a ser devoradas por los lectores. Véase que no solo son fascinantes y estrambóticas sino también densas, profundas y complejas aunque a simple vista parezcan todo lo contrario si uno se planta delante de sus obras con un no muy presente esmero. Después del estrepitoso y polémico final de su obra de culto Chainsawman; me fue imposible no reflexionar acerca de lo complicada y astuta que tiene que ser la manera en que su autor (Fire Punch, Look Back) se desenreda en la maraña de una serie de historias que proyectan mensajes excelentes que, si bien a veces pueden ser ciertamente evidentes, muchas otras veces acabas pensativo, confuso e incierto, con una cara retorcida que no te deja otra opción que cerrar el tomo, mirar al techo, y suspirar “A ver… ¿Qué acaba de ocurrir?”.
Goodbye Eri tiene ya unos añitos: es un one-shot (una historia autoconclusiva que empieza y acaba en el mismo tomo) publicado en 2022 que se lanzó en la revista japonesa Shōnen Jump+ de Shūeisha (empresa editorial japonesa) y que un día después de ser publicada ya obtuvo más de dos millones de visitas en la página web. Coincide que, mientras se publicó este único tomo, la primera parte de Chainsawman ya había concluido y todo el mundo se tiraba de los pelos deseando leer algo más de Fujimoto después de ese increíble final con Denji y Pochita que nos dejó a todos sin aliento. El fandom quería más, y Fujimoto se lo dió. De una manera que nadie esperaba.

La premisa se puede resumir muy bien: la madre de nuestro protagonista, Yuta, va a fallecer. Ella le regala un móvil para que grabe sus últimos momentos junto a él; con el fin de que Yuta siempre pueda volver a estos vídeos en el futuro para recordar a su madre, ya sea en excursiones, paseos, viajes... Después de que esta fallece, Yuta edita el metraje que ha grabado de ella y monta una película para homenajearla que presenta en su instituto a final de año. Más tarde, tras un suceso, conoce a Eri, quien ha disfrutado mucho de la misma. A partir de este punto, la vida de él cambiará por completo.

Si uno cierra el manga aquí y se va a dar una vuelta, quedará muy contento y podrá seguir con sus quehaceres y cotidianeidad. Pero si algo nos ha enseñado Fujimoto en sus historias… Es que la vida no funciona de esa manera. Muy precisamente, la persona que haya leído Goodbye Eri se dará cuenta exactamente a lo que me refiero.
Cuando uno empieza a leer, se va a dar cuenta enseguida de la estructura y manera en que está construido este manga: cuatro viñetas horizontales simétricas que se organizan en líneas por cada página únicamente interrumpidas por un único panel en algunos contextos y en ocasiones especiales un doble panel. Para el que no haya leído manga, puede parecerle algo insignificante, pero para el que ya esté acostumbrado a leer de derecha a izquierda y al esperpéntico orden de las viñetas de los cómics japoneses, verá que esto es algo muy distinto a lo que uno está acostumbrado.

La influencia occidental de Fujimoto en sus obras no es algo nuevo, pero en este caso se deja establecido de una manera muy orgánica y fluida la manera en que la estructura se va a ir desarrollando al dejar claro que la historia en su mayor totalidad va a estar definida y descrita principalmente desde el punto de vista de Yuta a través de la pantalla de su móvil: una persona que solo puede ver la realidad a través de su cámara. Sus vivencias y experiencias serán lo que nosotros veremos, una mezcla de primera y tercera persona que nos integra desde el principio de la obra en la vida de nuestro protagonista condenado a vivir los últimos momentos de su madre ante un inevitable final que estamos todos destinados a cumplir, pero que no todos dispuestos a afrontar. Fíjese que a uno nunca le termina de quedar claro si lo que estamos viendo es la perspectiva de este chico o, por el contrario, la situación en contexto de lo que está ocurriendo. Ya desde el principio podemos ver esas tendencias histriónicas de Fujimoto y de qué palo van a ir los detalles.

El tema de las películas circunscribe la obra constantemente, influyendo muchísimo en los personajes protagonistas y también para el lector de manera que lo que está leyendo se siente como si se estuviera viviendo un biopic en primera persona de una vida propia que nunca tuvo lugar. Es la perspectiva de un personaje a través de la pantalla de su teléfono móvil, como si estuvieran siendo también ellos mismos (los lectores) los protagonistas de la película que él está viviendo. Y Fujimoto se apoya en esto dibujando viñetas adicionales, añadiendo efectos borrosos, movimientos nimios que ayudan a mantener esa constante sensación de que se está grabando un vídeo para que no olvides que lo que estamos leyendo es la perspectiva de un formato audiovisual. Parece que estamos asomados a una ventana, apreciando un paisaje. La vida de una persona a través de un teléfono móvil.
Quizás no pensamos en ello a menudo, pero cuando vemos un vídeo antiguo de nosotros mismos o de cuando éramos pequeños; de nuestros padres o familiares cuando ni siquiera habíamos nacido, solemos poner el foco en lo que la cámara está grabando en ese momento, porque es lo que nuestros sentidos recogen. El vídeo de un niño jugando con una pelota, lo que fuimos nosotros hace muchos años: nos fijamos en la ropa, en cómo ha cambiado esa persona o ese paisaje. Pero, si por un momento nos transportamos ahí… Si por un momento volamos hacia esa imaginación que gracias a la cámara podemos vivir en primera persona… ¿Y si realmente estamos siendo aquél o aquella que quiso inmortalizar ese momento que le trajo tanta ternura y devoción? El deseo de permanencia. A la hora de ver una fotografía, un vídeo, una película, leer un libro, ver una obra de arte, un cuadro… Siempre hubo alguien detrás primero: alguien que tuvo esa primera idea de inmortalizar un momento que consideró especial para sí mismo. Alguien que se plantó en el mismo sitio en el que ahora estamos nosotros ahí, cuando antes todo era distinto, y que tuvo la oportunidad y valentía de dar ese primer paso para cambiar lo que tenía delante. Que tuvo el maravilloso impulso de querer compartir ese sentimiento con el resto que pudiera venir del futuro a ese mismo instante, que pudiera disfrutar de lo que esa primera persona gozó de manera que quisiera dejarlo grabado para siempre; ya fuera un lienzo, mármol, set de rodaje o reseña en internet. Uno de los temas que trata Goodbye Eri es precisamente eso: el deseo de permanencia, el retrato, el cariño a la eternidad. La manera en que tanto la madre de Yuta y Eri quieren ser recordadas para lo que ellas mismas (cada una) consideran importante. Esto me hizo pensar que quizás a Eri, en su exacerbado interés por el cine, la película de Gladiator le provocaría una apasionante e inconmensurable crisis existencial.

Es genial esa constante sensación de que, a medida que la historia avanza, no sabemos si las escenas que vemos pertenecen a la película que se está grabando o si forman parte de la vida de los protagonistas… Si a ambas… O a ninguna. Goodbye Eri consigue de una manera muy interesante establecer lo que puede ser un sueño febril concluso pero para nada claro en el que el final, libre a interpretación del lector / espectador, permite a uno divagar acerca de qué ha podido ser real o no, qué han querido decir ciertas viñetas, o si lo que hemos visto ha sido todo inventado o todo real, desde la primera viñeta hasta la última. Eso es algo que nunca va a quedar o quedará claro, y eso es lo hermoso del arte: que no está sujeto a ninguna cadena, y que cada uno puede interpretarlo de una manera.

Ya sumergiéndonos en el aspecto narrativo de la obra, otro de los temas que me llamó mucho la atención fueron los mecanismos que utiliza nuestro sufridor protagonista Yuta ante problemas que se le plantean en la obra, a medida que esta avanza. No obstante, ya que no quiero detallar ningún momento específico para ahorrar posibles spoilers de la trama, me basta con decir que si uno viene de leer alguna de las otras obras de Fujimoto buscando esa misma manera tan densa y poco reveladora que tiene de abordar profundos pozos personales de los protagonistas, no se va a quedar atrás. Yuta tenderá a la evitación y al arrepentimiento de una manera muy interesante a medida que se vaya desgranando todo página a página y, sutilmente, una vez todo se haya desenredado más y más, el razonamiento dará a pie a comprensiones mucho más certeras que justifiquen ciertas decisiones.

Goodbye Eri, si bien puede parecer exageradamente triste y trágico, en el fondo esconde una inherente naturaleza de superación, crecimiento y resiliencia; todo envuelto en una vorágine de elementos fantásticos e irrealidades que rodean a la obra en una nube densa de incertidumbres que no hacen más que alimentar ese deseo febril que, a medida que progresa la historia, salpica y nutre esa sensación onírica que el propio protagonista incluso en un momento de la obra nos quiere transmitir. Quizás a veces es necesario desarrollar nuestra imaginación para poder convivir con las injusticias de lo que nos aflige, más no podemos perder el rumbo por donde nuestra vida y nosotros mismos nos llevamos; con la realidad siempre al acecho; a veces injusta, pero siempre real... No podemos olvidarnos de eso.
“El mundo rezuma muerte, memento mori”: palabras de Yuta; tópico literario "recuerda que has de morir", abordado de una manera directamente nihilista. Un recordatorio de algo que va a ocurrir, hagas lo que hagas.
“La vida es bella, resplandeciente, hermosa. Todos moriremos algún día, por eso tenemos que vivir hasta que nos llegue el momento". Palabras (también) de Yuta; otro tópico literiario también presente en la obra; Carpe Diem: disfruta el momento.
Sin duda, una obra para reflexionar. ¡Esperemos que os haya gustado!



Comentarios