top of page
  • MBG1406

Star Wars y el cambio de Occidente.



Star Wars lleva con nosotros 45 añazos y es una de los fetiches de la Cultura Pop; Disney compró Lucasfilm (no me quejo, no soy un bonobo de esos) y en este 2022 hemos tenido varios productos de Star Wars en Disney+. Lo que empezó siendo un cuento de caballeros y princesas tradicional con estética de ciencia ficción ha terminado siendo algo con lo que cualquiera, guste o no, ha vivido en su día a día en este lado del mundo; y, evidentemente, en estos 45 años de vida la saga ha cambiado mucho, sobre todo, bajo mi punto de vista, en su “visión” inicial.



Estaba viendo hoy, mientras hacía bici tranquilo, el capítulo 12 de Andor (el mejor producto de Star Wars desde El Imperio Contraataca, asies) y hubo algo que me llamó la atención; la forma que tienen en el planeta de Cass (Kenari) de despedir a los muertos, cremándolos y luego mezclándolos con cemento para hacer que estos sean un ladrillo nuevo del pueblo al que siempre han pertenecido pero sin un “más allá” para estos y simplemente usándoles de nuevo convirtiéndolos en un elemento útil. No tenían en este acto en cuenta La Fuerza, a la Orden Jedi o a los midiclorianos que envuelven todo pese a que esto pertenece a su universo y son cosas conocidas por sus habitantes durante siglos; ¿por qué esto es así?


En los 70 aun vivíamos en un mundo en el que el postmodernismo, la Era Piscis y la New Age no habían llegado a nuestras vidas; estábamos experimentando un cambio de lo conservador a lo liberal en cuanto a lo social aun y en Una Nueva Esperanza se sigue apreciando esto. La Trilogía Original es hija de su tiempo; nos presentaban a religiosos amparados y devotos por y a un ente mayor llamado Fuerza que protegían la paz y eran castos (basados en los monjes guerreros de la Edad Media y en los samuráis), un grupo de villanos arquetípicos y una trama simple pero significativa que nos da una batalla entre el bien y el mal teniendo como trama la redención y la confianza hacia La Fuerza y parece que guía por su voluntad a una situación beneficiosa al grupo de los buenos (igual a la Providencia católica). En los episodios IV, V y VI todo está claro y es simple; se presenta una historia clásica del viaje del héroe con elementos reconocibles respecto a la cultura de la época (sobre todo el factor religioso) y cambiando un castillo por La Estrella de la Muerte y a un dragón por Darth Vader, y no deja espacios a relativismos ni a grises que se han ido cerniendo sobre nuestro mundo. Personalmente, esta es mi trilogía favorita, y no porque creciese con ella (a mi generación le tocaron las inefables precuelas de niños, fuimos desgraciados), sino porque veía este espíritu de la victoria del bien sobre el mal tan simple y efectivo sobre mí además de tener estos elementos que puedo encontrar en mi día a día; es más enriquecedora en este aspecto y entendible de realizar e impactar por ello.




Tras la calma viene la tormenta, o eso dicen, y las Precuelas demostraron esto con creces. De un ambiente místico, una Fuerza superior guiando y ejerciendo poderes misteriosos, un conjunto de creencias a recuperar y de una claridad en el mensaje; aparecieron los j*didos midiclorianos y el politiqueo edgy sin profundizar. El inicio de los 2000 fue una época convulsa; el cine descubre que no puede superarse como medio tras el estreno de El Retorno del Rey y cae en depresión (change my mind), la religión está perdiendo fuelle desde hace un tiempo y se va mundanizando por las doctrinas protestantes, hay un auge cientificista mal entendido (la ciencia no niega la fe, pero esto es otro tema más complicado a tratar) y aparecen nuevos movimientos políticos y activistas a raudales. Star Wars pasa de ser un cuento de hadas con naves y sables de luz a intentar justificar la existencia de La Fuerza con microorganismos medibles en sangre, lo simple pasa a ser una trama política sobre un golpe a la República (estúpido que se llame así la forma de gobierno máxima en la galaxia; hay reinos como Naboo o Alderaan), y hay una desvirtuación hacia las figuras de autoridad religiosa y gobernativa personificadas por Windu. Pierden los buenos, la fe hacia una figura profética desaparece de los ojos del espectador y de Obi-Wan. Es una trilogía llena de grises, que desvirtúa toda la tradición y cultura, y logra crear un sentimiento similar al que se vivió frente a instituciones y/o pilares de la civilización occidental en cuanto a desencanto y demolición, en ocasiones, de estos; todo mientras han sido opacados por valores postmodernos que en vez de creer y buscar verdad se llenan de medianías y dudas.




Hablando ahora de las Secuelas, estas salieron en unos años en los que el Mundo Occidental se encontraba en parte huérfano de valores y no sabe por dónde tirar al encontrar tanta mezcla de ideologías, gobiernos e ideas sin definir por la destrucción anterior que hubo de una “verdad objetiva”. Primero tenemos el Episodio VII, el cuál intenta imitar de nuevo los logros y el efecto del Episodio IV (a mí me gusta más inclusive), al igual que en el Episodio IX vemos elementos parecidos a los de El Retorno del Jedi; pero con Los Últimos Jedi nos encontramos algo distinto. Se nota que este espacio de la saga intergaláctica es convulso y que no había nadie liderando este proyecto; hay diferencias e inconstancias en los temas y hacia el lugar al que la historia de Rey y del resto de la galaxia durante su saga. Encontramos a un director que intentaba volver a la fórmula antigua pero sin aplicar algo sustancial ni lograr replicarla al 100% (JJ Abrams); mientras que Rian Johnson dinamita y cambia conceptos para dar algo nuevo con cierta filosofía oriental de cara al equilibrio y a entender que el bien o mal total no llegan a existir y que son dos caras de la misma moneda ya manchada. Esto a mis ojos se ve como el intento de Occidente y sus productos de tener de nuevo algo con alma y en lo que sostenerse, pero dejando de lado la profundidad y trascendencia de esta y simplemente contentándose con un mensaje que marque.



Hace medio siglo, la mayoría de nuestra civilización creía en que tras la Muerte había algo y que los fantasmas de la Fuerza era un símil respecto a lo que pasaría con nosotros gracias a esa consciencia religiosa que perduraba pero se estaba perdiendo; pero, tras abandonarla y ver que como civilización nos hemos encontrado poco a poco desamparados al haber dejado de lado pilares anteriores en nombre de un supuesto avance, hemos empezado a buscar nuevos valores y creencias o intentado replicar las anteriores sin ser verdaderamente conscientes de lo que estas de verdad daban. Es muy bonito el final de Rise of Skywalker (lloré en el cine, la vi 3 veces en sala y diría que es mi segunda o tercera peli favorita de la franquicia), siempre mola ver la pelea de sables en Mustafar, el Mandarinas me flipa y Andor me parece la mejor serie del año; pero, solo con mensaje no se llega a tanto, desgraciadamente para nosotros.

20 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo