Slam Dunk y su autor (Reflexión).

Actualizado: 3 dic 2020



Pudiera llegar el día en el que suba un post que no trate de anime o manga de nuevo, pero hoy no es ese día; en que continúe mis posts de HIMYM, pero hoy no es ese día; en este día, os hablaré un poco de Slam Dunk, mi manga favorito; y de Takehiko Inoue, mi mangaka más querido.



Slam Dunk es un spokon (anime de deportes) de culto que narra la vida amorosa (sí, Slam Dunk habla de amor más que de baloncesto, este es un vehículo para la narrativa) de Hanamichi Sakuragi; un simple pandillero que en su primer año de "prepa" (4º de la ESO para nosotros) se ve prendado por la amable Haruko Akagi y entra en el equipo de baloncesto de su instituto con el objetivo de conquistarla (tremendo simp, la verdad), en el cuál acabará desarrollando su carácter y aprendiendo del día a día por medio de este noble deporte.



"El gran mate" tiene un dibujo sublime, perfecto; uno de esos que no están hechos por ordenador y de los que nos hacer apreciar cualquier detalle y que no necesita un diálogo para entrar y conmover. Takehiko Inoue, su creador, hace paneles que no necesitan de texto ni onomatopeyas (los bocadillos que imitan X sonidos) para transmitir velocidad o esfuerzo; se atreve a dibujar algún que otro capítulo sin ninguna clase de texto y eso me enamora. El trazado de unas botas que te hacen imaginar el chirrido del parqué, el sudor de las frentes de cada jugador que muestra su frustración, ese último mate de Hanamichi que acontece durante un episodio sin texto alguno; el dibujo lo es todo, lo expresa todo, te transmite todo, y eso es lo que hace a este medio tan maravilloso.



Inoue quiere hablarnos con sus obras, por lo menos en sus tres más importantes (el resto son cortitos y no destacables), del amor en varias formas (a la vida y frente a la adversidad en Real, el adolescente en Slam Dunk y a uno imposible en Vagabond) a través de escenas y paneles pensativos y delicados, con los ojos de sus protagonistas perdidos en la imagen o tristes, con pequeños gestos naturales, con conversaciones simples que les desarrollan y nos hacen entenderlos; el amor es lo más humano, y el autor lo sabe y lo usa a su favor para contarnos grandes historias y nos encariñemos con estas pese a tener, de primeras, elementos simples. Hanamichi empieza a reformarse por amor hacia Haruko, Mushashi deja de querer matar por su amada Otsu y Togawa se esfuerza por Azumi.



Tras esta pequeña y rápida reflexión sobre Slam Dunk y lo que me transmite la obra de Inoue me despido; espero que disfrutéis de este nuevo post.

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