El ser querido: la expiación de un 'mea culpa' jamás entonado.

El ser querido ha dado mucho de qué hablar junto con su —también enormemente comentada— rival, La bola negra. Ambas se han enfrentado y han aspirado a besar la gloria del Festival de Cannes de 2026, con el Premio a Mejor Dirección finalmente concedido a la dupla de Javier Ambrossi y Javier Calvo, mientras que El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, se ha quedado en una especie de catarsis-atascada, sin ningún premio en el festival. Y es que, además de no lograrlo en Cannes, tampoco ha sido seleccionada como la representante de España en los próximos Premios Óscar. La película se quedó en una especie de standby nada merecido, en el que "se mantiene reconocida", pero "no ha logrado ningún reconocimiento".
Pues bien, estoy aquí para hablar de esta película, pues me parece estrictamente necesario. Tras su cruel y oscura As bestas (2022), Sorogoyen nos lleva de Galicia a las Islas Canarias con una soberbia y pulcritud dignas de alabanzas, que vamos a desentrañar a continuación.
Un momento... ¿Qué hacemos en el Sáhara?
El ser querido habla de un padre, Esteban Martínez (interpretado por Javier Bardem de una manera excepcional), que pretende enmendar los errores de su pasado, cargado de excesos, vicios y errores, con su hija Emilia Vera (a quien da vida Victoria Luengo, con una actuación totalmente espectacular). Ella vive ajena a las andanzas de su padre y ni por asomo se imaginaría volver a encontrarse con él en un ambiente como el del comienzo de la película. ¿Cómo pretende Esteban reconectar con su hija? De una manera —aparentemente— muy sencilla: ayudarla a retomar su carrera como actriz profesional. Él es un importante director de cine, ganador de dos premios de la Academia y de gran renombre, y cree que puede solucionar los errores de antaño permitiéndole participar en su nueva película, llamada Desierto. Pero veremos que, a medida que la historia prosigue, hay cosas que solo las películas no pueden solucionar.

Ya desde el principio, Sorogoyen plantea un concepto de metacine —cine dentro del cine— en el que rinde homenaje a su propio trabajo y también a su padre, que falleció poco antes de que pudiera ver esta película. Es importante señalar que el director ha aclarado que, si bien la película plantea conflictos familiares, estas dinámicas no se corresponden con las que vivió él con su padre a lo largo de su vida.

Y es que se emplean una serie de recursos muy interesantes aprovechando este ambiente en el que se desenvuelve la trama. Planos en blanco y negro para reflejar los momentos más honestos y sinceros de los protagonistas, bellos paisajes panorámicos de la isla de Fuerteventura que sirven como nexos entre distintas escenas —sobre todo para aportar una fluidez enormemente necesitada después de momentos acalorados y emotivos—, e incluso un granulado más presente en algunas secuencias. La fotografía de esta película es bellísima y, mediante planos secuencia, contraplanos muy bien estudiados y el uso de una amplia gama de cámaras distintas, todo se aglomera de una manera excepcional.
La sensación que me dio al ver la película fue que ni falta ni sobra ninguna escena: cada momento está ahí por un motivo específico. No hay relleno ni nada perfectamente omisible. Todas las escenas de la película pretenden mostrar facetas, pensamientos o puntos de vista de los personajes que aportan recursos fundamentales a la historia. Si algo hay que señalar, es que, a la hora de crear una historia, "todo lo innecesario sobra". No ocurre esto con El ser querido.

Esta película es enormemente versátil. Trata numerosos temas, como la traición y su consecuente pérdida, el amor y su inevitable relación con la familia, la memoria, la reconciliación, el conflicto, el dolor, la fe, la esperanza y la redención… Sorogoyen se encarga de encapsular todo esto en la mente de dos personajes, padre e hija, que manejan diversas dinámicas que fluyen y van y vienen a lo largo de la película. Ambos protagonizan momentos y situaciones que pueden ser tiernas, opuestas, divertidas y horrendas…
Se nota que hay algo. Son padre e hija. Una detesta al otro por las cosas que ocurrieron. Él lo sabe e intenta enmendar eso. Y ella muchas veces se lo permite y le concede espacio, pues una hija siempre va a intentar abrazar el amor que le profesa su padre... Pero luego recuerda por qué odia su presencia: no puede soportarlo. Y él no permite un no por respuesta, y es que Esteban ya vivió de joven una experiencia similar con su padre. Pero entiende a su hija porque es consciente de sus errores. Así que la mima... Y ella aprecia estos gestos. Pero le repudia… Como veis, es un vaivén: una noria que te lleva a un sitio y luego a otro...

Es incluso taoísta la manera en la que ambos se compenetran y funcionan como un yin y un yang, en los que uno, aunque opuesto, complementa al otro. El primero (la parte oscura, que no quiere decir "mala") simboliza la pasividad, la receptividad, la quietud y la calma (podríamos decir que es Esteban, en un principio), que se muestra receptivo hacia su hija, pues es quien quiere reconciliarse con ella. Luego tenemos el yang (la parte luminosa, que no quiere decir "buena"), que simboliza la energía, la actividad y la acción, el movimiento y la decisión. Podríamos relacionarlo con Emilia, quien decide viajar con su padre para rodar la película, toma la iniciativa y pretende encaminarse con buen pie, aun teniendo en cuenta el pasado.
Sin embargo, todos sabemos que tanto dentro del yin como del yang hay una parte del otro, una pizca de su contrario en cada uno. Esto provocará disputas, descontrol y dará lugar al caos en vez de al equilibrio. Este concepto no fluye como debería según el taoísmo porque la memoria está ahí. El recuerdo está ahí. Y ambos quisieran que las cosas no se dictaran de una manera determinada, pero ¿qué podemos hacer cuando se han creado barreras que ni siquiera el amor, por más que lo intente, puede saltar?

De tal palo... ¿Tal astilla?
Y ambos intentan comprenderse, de verdad. Emilia aprecia las veces que su padre intenta reconectar con ella e incluso lo imita para entenderle, en una lucha por averiguar quién es él. Quién es su padre, que apenas ha estado presente en su vida. Lo que al principio puede parecer una sátira o incluso una parodia termina siendo un verdadero esfuerzo por parte de ella para intentar entender qué tipo de persona es él. De hecho, son momentos como este los que realmente nublan el juicio de Emilia, pues tiene un recuerdo de él que no parece estar alineado con el presente. Por eso pelea y lucha, sacando su naturaleza como actriz para valorar verdaderamente la posibilidad de reconciliarse. No obstante, ya veremos luego que las cosas… Son bastante más complicadas que eso.

En varias escenas se puede ver cómo el renombrado y laureado director de la Academia, Esteban Martínez, reconocido por su… "estilo" de grabación y sus puntuales "decisiones" criticables a la hora de grabar sus largometrajes, deja a un lado su propio oficio para mantener la cordialidad y desarrollar el vínculo que quiere retomar con su hija. En su película Desierto, quiere hacerle ver a Emilia cómo se sintió él al abandonar su hogar y dirigirse a un sitio nuevo para descubrir un nuevo mundo. Fue una odisea que le permitió crecer y, sobre todo, intenta lograr que ella entienda el porqué de su decisión cuando se fue hace tanto tiempo, pues para ella sigue siendo una herida presente en su corazón. "¿Quién mejor para interpretar este papel que mi hija?"
Si os dais cuenta, ambos están queriendo —más o menos— lo mismo, incluso de una manera similar —por algo son padre e hija—. Ambos son conscientes de que apenas se conocen y se esfuerzan por hacerle ver al otro quiénes son realmente.
¿Cómo suena el Desierto?
No quiero hacer spoiler de ninguna escena en concreto, pues creo que esta película se debe experimentar, pero sí me veo obligado a resaltar la banda sonora. Muchos de los que hayan visto la película y estén leyendo esto probablemente se hayan quedado "un poco a cuadros". Y es que es verdad que no tenemos delante una banda sonora como la de El Señor de los Anillos, ni un compositor de tan alto estatus como John Williams. Pero esta película te demuestra que no hace falta un título grandioso ni un músico tan reconocido para crear una obra maestra.

Olivier Arson, compositor de la banda sonora de este largometraje, hizo una enorme labor que debe ser enmarcada. Con solo seis temas compuestos —y uno de ellos ni siquiera fue utilizado—, el músico se sirve de una interpretación orquestal para representar de una manera soberanamente dramática e impresionante uno de los temas fundamentales que encapsulan todo el mensaje de la película.
Y es que no me voy a olvidar de mi propia reacción al escuchar por primera vez el tema Desierto, en esa escena donde Esteban contempla a su hija. Ese tema no es solo algo. Es una amalgama de un todo, pero que a la vez no es nada. ¿Pues qué hay en un desierto más que arena? Un espacio de una hermosura única, pero que está seco, sin una mísera gota de agua que puedas encontrar. Desierto (la película ficticia y el tema musical) es él y ella. Lo que ellos representan.
Cuando Esteban admira a su hija, puedes comprender el amor que él le profesa y la distancia a la que se encuentran: cómo la ve. Puedes entender su esperanza, su fe en ella y en que todo va a salir bien, en que lo van a conseguir. Está enormemente orgulloso de Emilia, pero no es fácil retomar un vínculo, pues le es imposible pasar por alto el dolor que siente por el daño que le ha causado a su hija. ¿Cómo puede un padre que no sabe pedir perdón reconciliarse con una hija que no ansía otra cosa?
Sorogoyen aísla el sonido del ruido ambiental para sumergirnos en la historia junto con Esteban, que no ansía otra cosa en el mundo que reencontrarse con su hija. Nos ponemos en su piel: cómo la mira desde la distancia, cómo se acuerda de todo lo que ha hecho... Y la ve tan distraída, pero aun así hermosa a sus ojos.
Esta escena alegoriza muy bien una buena parte del largometraje: ¿por qué creéis que la película que Esteban está grabando se llama Desierto? ¿Acaso es porque su trama se centra en el Sáhara? ¿Y por qué realmente quiere a su hija como protagonista? ¿Qué hay de todos los paralelismos a lo largo de la obra? Ese Desierto es lo que ellos simbolizan. Y en un desierto existen los oasis. Pero todos sabemos que a veces los oasis no son más que ilusiones. Esteban recuerda su pasado, aunque lo finge. Emilia lo lleva presente desde que viajó con él al set de rodaje.
America cantaba en su canción A Horse with No Name que en el desierto puedes recordar tu nombre porque no habrá nadie ahí que te pueda causar dolor. Sin embargo... ¿Qué podrían decir Esteban y Emilia al respecto?
La rueda gira según sus designios.
Hay un momento de la película en el que vemos ciertas conductas emocionales que establecen un símil entre Emilia y Esteban, y esto hace saltar las alarmas ante algunas situaciones futuras. Cuando se rompen ciertos límites, la emoción estalla, pero es la relación que tienen ellos dos lo que les permite llegar a ciertas situaciones que serían imposibles de no ser por su naturaleza inherente.

El ser querido no solo trata de conflictos. Trata de algo que dota al ser humano de un comportamiento único: la lucha por la imposible reconciliación de una culpabilidad redimible por un carácter que no es acorde con la responsabilidad propia. Es algo demasiado humano. Esteban, en cierta manera, si bien ha reconstruido su vida y quiere arrancar esa espina que se le quedó clavada en el corazón, vive anclado en el pasado. La losa que carga a su espalda se ha hecho tan grande que no puede evitar ignorarla, y ahora quiere enmendar el presente para asegurar un futuro que le aporte una claridad mental que lo satisfaga. Ahora bien… ¿Se ha hecho esa losa tan grande por sus hechos? ¿O por un ansia de gobierno irrefrenable?
Y antes de terminar, igual que Rodrigo Sorogoyen dedicó esta película a su padre, me gustaría a mí también dedicar esta reseña a Julia Bellón González, un ser querido que siempre ha estado presente en mi vida cuando ha hecho falta, para lo que fuese. Es mi turno ahora de dedicar todo mi esfuerzo y tiempo a lo que ella necesite hasta el final.
Esperemos que os haya gustado esta reseña de El ser querido. ¡Nos vemos en la próxima!






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