Celeste: una obra maestra con la mejor metáfora sobre salud mental (review con spoilers).
- SYLVERICE

- hace 15 horas
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Recientemente me he visto envuelta de nuevo en Celeste, un juego de plataformas aparentemente simple que esconde multitud de secretos, arte, dificultad y, sobre todo, un mensaje muy importante.
Celeste se lanzó en 2018 de la mano de Extremely OK Games, y aunque probablemente no sea un juego desconocido para prácticamente nadie, quiero lanzar una advertencia sobre spoilers y contenido secreto del que hablaré más adelante.
Este adorable juego nos cuenta la historia de Madeline, que se embarca a la aventura de nada más y nada menos que escalar la montaña Celeste. Ya al inicio de su viaje se da cuenta de que no es una montaña normal, y mucho menos lo son los carismáticos personajes con los que se encuentra:
La primera resulta ser una abuela llamada Celia que reside en la montaña, y que al principio se ríe de Madeline cuando esta se queja de un fallo en la infraestructura, puesto que sabe la dificultad de lo que le espera más allá. Resultará haber sido de los pilares fundamentales del viaje.
Theo, por otro lado, es un chico casualmente embarcado en la misma aventura que ella, aunque con una actitud mucho más jovial y tranquila, con ganas de explorar e inmortalizar con fotos todo lo vivido. Nos acompaña y apoya emocionalmente en distintos puntos de la historia y nos ayuda a enfrentar la ansiedad que acecha a Madeline. También le veremos luchar contra las cosas que le atormentan a él.
Mr. Oshiro es el gerente fantasma de uno de los pintorescos escenarios con los que nos vamos a encontrar a lo largo de la historia. Es un hombre complaciente a la par que inseguro, aun después de haber muerto. Hacia el final del juego y gracias a Madeline, conseguirá estar mucho mejor consigo mismo.
Por último, pero no menos importante, tenemos a nuestra contraparte, un ente que luce exactamente como Madeline en apariencia maligna, con el que se enfrentará la mayor parte del juego.

Y es que aquí está la parte importante. Madeline llega con el objetivo de escalar la montaña y, al poco de empezar, este ente aparece para lo que suponemos que es entorpecer su subida, impedir su éxito. Frenarla y paralizarla. Le dice que no lo conseguirá, que tiene que irse, que no es capaz de hacerlo, y Madeline la rechaza total y absolutamente. Cree que tiene que luchar, huir o ignorar su presencia. Pero, a medida que sube, Madeline se enfrenta una y otra vez a ella y lo único que consigue es volverla más agresiva.
Tarda mucho, pero finalmente se da cuenta de que no es su enemiga, sino sus inseguridades, preocupaciones y miedos, necesitando ser aceptados y gestionados de forma responsable. Se da cuenta de que es normal tener miedo y abraza esa parte de ella porque no es algo que pueda simplemente dejar atrás. Y eso la hace más fuerte, volviéndola capaz de llegar a la cima.

Celeste es un juego de plataformas con una dificultad considerable y que se divide en capítulos, cada uno basado en una zona nueva, con mecánicas y ambientaciones totalmente diferentes entre ellas. La música representa a la perfección lo que siente nuestra protagonista y hace que empaticemos aún más fácilmente con la situación. Sin olvidarme de mencionar el precioso pixel art del que se compone, con el que (sin ser yo la mayor fan de ese estilo concreto) no puedo estar más fascinada.
A lo largo de casi todos los capítulos veremos un coleccionable principal, que son las fresas, que nos hacen desviarnos un poco del camino simplemente por el hecho de tenerlas todas, o las máximas que podamos conseguir. También contamos con cintas adicionales, que vienen a ser versiones más difíciles del mismo capítulo. Además, tendremos otros coleccionables más raros de ver, como fresas de otros tipos o corazones de cristal, que sirven para desbloquear contenido adicional del juego.

Hay una serie de curiosidades que, aprovechando la ocasión, no me quería dejar en el tintero:
Las fotos que hace Theo a lo largo de la aventura están registradas en una cuenta de Instagram real, @theounderstars, y estoy segura de que a aquellos que hayáis jugado a Celeste os pondrá el corazón calentito verla.
Al reproducir de cierta manera la canción del capítulo del templo, “In the Mirror”, podemos escuchar las siguientes frases:
"Sometimes, I don't really know what's going on anymore." (A veces ya no sé qué está pasando).
"I... I don't know who I am... I just look in the mirror and don't know who I'm looking at... or who's looking at me." (Yo... no sé quién soy... solo me miro al espejo y no sé a quién estoy mirando... o quién me mira a mí).
"I think a lot about where my train of thought is going, it's not always a good place... and it scares me." (Pienso mucho en a dónde va mi hilo de pensamiento, no siempre es un buen lugar... y me asusta).
Esto hace alusión a otra de las cosas con las que Madeline lidia: búsqueda de la identidad, dismorfia corporal o expectativas de género, con las que convive como persona trans.
La tarta que se cocina al final del juego tendrá un aspecto variable según el número de fresas que hayas recogido.
El minijuego Pico-8 es una representación de la versión inicial y donde se creó el juego, que en su momento tuvo 30 niveles, tantos como checkpoints tiene la cima del juego final. Unas referencias fantásticas y muy bien incluidas.
La tumba que vemos prácticamente al inicio del juego es un homenaje y una representación a aquellas personas que no pudieron escalar la montaña. O dicho de otra manera, víctimas de depresión, ansiedad u otros trastornos mentales.

Celeste es, en realidad, un camino que todos recorremos a título personal. Es cierto que está bastante focalizado en ansiedad, pero habla también de otros trastornos más o menos comunes, de superar y enfrentar miedos, o de conseguir objetivos que creemos imposibles. Cualquiera que lo juegue podrá sentir lo complicado que es llegar a la cima, puesto que la dificultad es la suficiente para que también puedas sentir buena parte de la frustración, estrés, ansiedad o el sentimiento que más se adapte a ti y a tu objetivo.
Personalmente sentí Celeste como un abrazo. Viví junto a Madeline toda esa ansiedad y frustración de fallar una y otra y otra vez mientras Theo me animaba y compartía consejos para respirar, y sentí la determinación de ayudarle en el capítulo en el que nos presentan sus propios demonios. Intenté pantallas diferentes de cada capítulo muchas, muchas veces, abrazando lo que sentía y consiguiendo la técnica necesaria con cada mecánica nueva y antigua hasta llegar a la cima.
El propio juego te manda mensajes constantes de motivación y de calma para evitar la autocrítica o la exigencia en exceso (a la hora de conseguir fresas o morir pocas veces). Es precioso en tantos sentidos que no puedo hacer más que recomendarlo.

Si todavía no lo has jugado, espero que esta pequeña review te haya impulsado a darle una oportunidad. Y si lo haces, ojalá lo disfrutes tanto como yo.
¡Gracias por llegar hasta aquí y nos vemos en la próxima!
SYLVERICE




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