Air Gear: patines ilegales, peleas aéreas y un camino hacia el cielo.
- OSIAN R. VAQUERO

- hace 2 días
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Air Gear es uno de esos míticos animes de principios de los 2000, cuando la regla era «cuanto más exagerado, mejor». Patines motorizados, bandas callejeras que dominan la ciudad desde el aire y adolescentes saltando entre rascacielos como si la gravedad fuese una sugerencia. Realista no es, pero épico… muchísimo.

Con un total de 25 capítulos de anime, 2 OVAs y 37 volúmenes del manga, la historia nos presenta a Ikki, un chaval impulsivo y bastante inmaduro al que llaman «Cuervo» o «Baby Face» en el instituto, pero que tiene algo que muy pocos poseen: una conexión natural con el aire. Un día descubre el mundo clandestino de los Air Trecks, unos patines futuristas con los que no solo se corre, sino que se lucha, se impone respeto en las calles y, lo más importante…
¡Se Vuela!. A partir de ahí, Ikki desplegará sus alas directo al mismísimo cielo.
Volar es su estilo de vida
En Air Gear, el mundo urbano está dividido por algo más que calles: está dominado por el cielo. Los Air Trecks (AT) no son solo patines motorizados, son una herramienta de poder. Quien controla el cielo, controla el territorio, el respeto y la fama.
Las ciudades están llenas de bandas de riders, cada una con su estética, jerarquía y forma de patinar. No se trata solo de velocidad, sino de estilo, técnica y presencia. Las peleas —llamadas Storms— son enfrentamientos donde se mezclan combates físicos, estrategias aéreas y demostraciones de dominio absoluto del espacio para ascender de rango en el Torneo Trophaeum.
El equipo que forma Ikki se llama Kogarasumaru, y más que una banda, es una familia improvisada con viejos amigos de clase, rivales de AT y compañeros que quieren seguir al Cuervo en su viaje hacia lo más alto para alcanzar al legendario equipo Sleeping Forest, el mejor equipo de riders jamás visto.

Acción exagerada, estilo sin frenos, y amor sin censura
Lo que hace especial a Air Gear no es tanto su historia —que a ratos se desmadra— sino su estética y energía. Combates que parecen coreografías aéreas, música potente, saltos imposibles y una sensación constante de que todo puede ir todavía más lejos.

Aquí no se patina: se conquista el cielo.
Los personajes son puro exceso: rivales chulísimos, secundarios carismáticos y un fanservice descarado que hoy levantaría cejas, pero que forma parte inseparable de su identidad. Air Gear no se corta un pelo y eso, para bien o para mal, es parte de su encanto.
8 Reyes y mismo camino hacia el Cielo
Ser el Rey del Cielo no es un título oficial ni un trofeo. Es un ideal al que aspiran los llamados Reyes. Significa ser el rider definitivo, aquel que domina el aire sin cadenas, sin miedo y sin límites. No se trata de mandar, sino de volar más alto que nadie.
Este sueño se convierte en el eje central de la serie, transformando las peleas callejeras en algo más grande: una lucha por la libertad, el control del destino y la elección de cómo volar.
Los Reyes son riders excepcionales que poseen las Regalías, patines especiales que representan el máximo nivel de dominio de un aspecto del aire. Cada una encarna un concepto (velocidad, control, gravedad, fuego…).
Ikki aspira a la Regalía del Viento, la más pura y peligrosa, porque simboliza la libertad total. No es una herramienta, es una prueba: quien no está preparado, pierde el control… o la vida.
Las Regalías elevan Air Gear de una historia de bandas callejeras a una epopeya casi mitológica, donde los riders se convierten en leyendas vivientes.

Conclusión
Air Gear no es solo patinar y pelear. Es una historia sobre volar cuando el mundo te quiere atar, sobre encontrar tu lugar en el cielo y sobre entender que el poder sin propósito no sirve de nada. Caótica, excesiva y desbordante de estilo, es una obra que sigue siendo recordada porque se atreve a soñar alto… literalmente.




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